APOCALIPSIS DE UNA NOCHE

La paloma acurruca sus alas:

Y con indolencia miro tus manos caídas

como un verso en su versículo se me atora,

mi barba como lima de buen amigo,

me deja saber de las tierras,

y no consigo llegar a su fin grato.

Me muestras fácilmente tu vida,

y lo único que no se muestra,eres tu,

imagen deseo.

En tan elevado ministerio,aprendo

para copiar exactamente tu simple firma;

con gracia y también lentamente ,

veo el monte de las ánimas,

de Espronceda cogería la mañana,

por sus finos ademanes,visibles.

Busco y me acomodo;

parece que surge en los colores,

la sagrada y fútil Imaginación del insecto.

Ahora te escucho y me miras a través de la ventana

y me dejas entrar,te ofrezco la cruz y el mensaje,

para que te apresures sin va y ven,

sin premura y sencillo verás al niño de Dios,

“Apocalipsis de una noche” de verano,

con temperaturas menos cálidas,

escupiendo carne y el deseo sexual terrible,

arrastrado de años y jirones de ropas,

por los suelos y me sacuden los polvos sin más.

Autor: José María Medina

 

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