PROSA POÉTICA,TEXTOS LITERARIOS E IMÁGENES DE OTROS TIEMPOS

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                                                                                                                                                                                                                                                                      LEOPOLDO PANERO

http://youtu.be/Y9Gve37nWBo

Trata la poética de los objetos, la relación cuerpo femenino y arte y el tiempo y la metamorfosis.

Leopoldo Panero

Las manos ciegas, de Poesía

“ Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia se apoya, que le nutre,
y le enflora y verdea.
Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin Tu amor, sin Ti vacío,
en la noche Te busca,
le siento que Te busca, como un ciego,
que extiende al caminar las manos llenas
de anchura y de alegría. 

FUENTE: http://www.epdlp.com

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PIER PAOLO PASOLINI

Pier Paolo Pasolini

Fragmento epistolar, al muchacho Codignola, de Poesía en forma de rosa

“ Querido muchacho, sí, claro, encontrémonos,
pero no esperes nada de este encuentro.
Si acaso, una nueva desilusión, un nuevo
vacío: de aquellos que hacen bien
a la dignidad narcisista, como un dolor.
A los cuarenta años yo estoy como a los diecisiete.
Frustrados, el de cuarenta y el de diecisiete
pueden, claro, encontrarse, balbuceando
ideas convergentes, sobre problemas
entre los que se abren dos décadas, toda una vida,
y que, sin embargo, aparentemente son los mismos.
Hasta que una palabra, salida de las gargantas inseguras,
aridecida de llanto y deseo de estar solos,
revela su irremediable diferencia.
Y, además, tendré que hacer de poeta
padre, y entonces me replegaré sobre la ironía,
que te incomodará: al ser el de cuarenta
más alegre y joven que el de diecisiete,
él, ya dueño de la vida.
Más allá de esta apariencia, de este aspecto,
no tengo nada que decirte.
Soy avaro, lo poco que poseo
me lo guardo apretado en el corazón diabólico.
Y los dos palmos de piel entre pómulo y mentón,
bajo la boca torcida a furia de sonrisas
de timidez, y los ojos que han perdido
su dulzura, como un higo agrio,
te parecerían el retrato
precisamente de esa madurez que te hace daño,
madurez no fraterna. ¿De qué puede servirte
un coetáneo, simplemente entristecido
en la delgadez que le devora la carne?
Cuanto ha dado ya lo ha dado, el resto
es árida piedad. 

john berger

                                                                                                                                                                                                                                                                          JOHN BERGER

John Berger

El sentido de la vista (fragmento)

“ Los amantes incorporan el mundo entero a su totalidad. Todas las imágenes clásicas de la poesía amorosa lo confirman. El río, el bosque, el cielo, los minerales de la tierra, el gusano de seda, las estrellas, la rana, el búho, la luna, demuestran el amor del poeta. La poesía expresa la aspiración a esa correspondencia, pero es la pasión la que la crea. La pasión aspira a incluir el mundo entero en el acto de amar. El hecho de querer hacer el amor en el mar, volando por el cielo, en esta ciudad, en aquel campo, sobre la arena, entre las hojas caídas, con sal, con aceite, con frutas, en la nieve, etc., no significa que se precisen nuevos estímulos, sino que expresa una verdad que es inseparable de la pasión. La totalidad de los amantes se extiende, de manera diferente, a fin de incluir el mundo social. Todos los actos, cuando son voluntarios, se llevan a cabo en nombre de la persona amada. Lo que el amante cambia entonces en el mundo es una expresión de su pasión.
(…)
La totalidad de la pasión oprime (o socava) al mundo. Los amantes se aman con el mundo. (Aligual se podría decir que con todo su corazón o con sus caricias.) El mundo es la forma de su pasión, y todos los sucesos que experimentan o imaginan constituyen la iconografía de su pasión. Por eso la pasión está dispuesta a arriesgar la vida. Se diría que la vida es tan sólo la forma de la pasión. 

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JORGE LUIS BORGES

Jorge Luis Borges

Arte Poética

“ Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable. ”

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                                                                                                                                                                                                                                                          JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN

José María Gabriel y Galán

El ama (fragmento)

“ El velo del dolor me ha oscurecido
la luz de la belleza.
Ya no saben hundirse mis pupilas
en la visión serena
de los espacios hondos,
puros y azules, de extensión inmensa.
Ya no sé traducir la poesía,
ni del alma en la médula me entra
la inmensa melodía del silencio
que en la llanura quieta
parece que descansa,
parece que se acuesta.
(…)
Resbala sobre mí sin agitarme
la dulce poesía en que se impregnan
la llanura sin fin, toda quietudes,
y el magnífico cielo, todo estrellas,
y ya mover no pueden
mi alma de poeta,
ni las de mayo auroras nacarinas
con húmedos vapores en las vegas,
con cánticos de alondra y con efluvios
de rociadas frescas,
ni éstos de otoño atardeceres dulces
de manso resbalar, pura tristeza
de la luz que se muere
y el paisaje borroso que se queja…
ni las noches románticas de julio,
magníficas, espléndidas,
cargadas de silencios rumorosos
y de sanos perfumes de las eras;
noches para el amor, para la rumia
de las grandes ideas,
que a la cumbre al llegar de las alturas
se hermanan y se besan… 

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                                                                                                                                                                                                                                                                CZESLAW MILOSZ

Czeslaw Milosz

Dedicatoria. Varsovia 1945

“ Vosotros, a quienes no pude salvar
Escuchadme.
Intentad entender estas simples palabras, ya que de otras me avergonzaría.
Os juro que en ellas no hay hechicería.
Os hablo en silencio como una nube, como un árbol.

Aquello que me fortaleció a mí, para vosotros fue mortal.
Confundisteis el adiós a una época, con el advenimiento de una nueva
–Odio confabulado de belleza lírica.
Fuerza ciega de forma completa.

He aquí un valle polaco de ríos anémicos. Y un inmenso puente
perdiéndose en la niebla. He aquí una ciudad vencida,
Y el viento arroja alaridos de gaviotas sobre vuestra tumba
Mientras os hablo.

¿Qué clase de poesía es aquella que no salva
Naciones o pueblos?
Una conspiración de mentiras oficiales.
Una tonadilla de borrachos cuyas gargantas serán cortadas de inmediato,
Una conferencia para señoritas.
He deseado la buena poesía sin saberlo,
He descubierto, ya tarde, su saludable objetivo.
En ella y sólo en ella, encuentro salvación.

Se solía esparcir millo o alpiste sobre las tumbas
Para alimentar a los muertos que volvían disfrazados de pájaros.
Aquí os dejo este libro, vosotros quienes alguna vez vivisteis
Para que nunca más volváis. ”

《咒语》切斯拉夫·米沃什(Czeslaw Milosz)

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http://youtu.be/Y9Gve37nWBo

 

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JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ.”CULTURALISMO VIVENCIAL”

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José María Álvarez

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José María Álvarez, nacido en Cartagena (Región de Murcia) en 1942, es un poeta y novelista español.

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La principal obra de José María Álvarez es Museo de cera (1970 [con el título de 87 poemas], 1974, 1978, 1984, 1990, 1993 y 2002), ha ido haciéndose a lo largo de los años por el empeño de su autor en realizar un libro único y totalizador. No obstante, al sacar a la luz la última edición, el poeta dio por terminado el ciclo de forma explícita. José María Álvarez ha emprendido múltiples caminos de la poesía española contemporánea pasando de una poesía social y de escarceos con la vanguardia a un culturalismo vivencial. El protagonista de sus poemas no es ya el revolucionario que quiere cambiar la vida, sino un decadente vividor que desdeña al vulgo, que ama las causas perdidas.

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Sus poemas suelen componerse de dos partes:

  1. una cita introductoria (alusiones a mitos del cine, diálogos de teatro, fragmentos de novelas, poemas, ensayos, letras de canciones, etc.) y
  2. el poema propiamente dicho, que intenta la organización del caos, la explicación de un mundo incomprensible.

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En este deseo de intercomunicar un mundo esencialmente incomunicado, el papel del poeta está visto como un destino fatal (Acepta tu destino como el precio/ de tu palabra. Escribe.); y el tiempo -una constante en Álvarez- viene a corroboramos que todo lo que hacemos es inútil (Antes de levantar los ojos de estos versos/ ya no seré más que el polvo de una época/ que no será recordada).

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En 2003 apareció Los decorados del olvido, un libro poético dentro de la experiencia testimonial donde son los ejes principales el sexo y la sociedad, en un tono general de sarcasmo. También hay elegía, homenajes, e introspección en una escenografía de fuerte sensorialidad.

FUENTE: http://es.wikipedia.org

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Fuente: http://amediavoz.com

ALGUNOS POEMAS DE JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ:

Abçatritaz

Un secreto esplendor que aún no es ceniza
Francisco Brines

Si Brittles prefiere abrir la puerta en presencia
de testigos -dijo Gilles después de una larga pausa-,
me presto sin duda a acompañarlo
Charles Dickens

Podrías huir. Sin duda. La
nueva Luz del mundo, Octavio, te
perdonaría (si no gustoso, el interés
le haría respetarte,
cubrirte de riquezas). Y eres aún tan bella. Sí, podrías…

Pero no seguirás ese camino.
Y no
por el amor de Antonio, ni porque fuera indigno
de quien de tantos reyes es el último,
sino algo más profundo: algo que sólo a ti te vale,
a cuanto yace en tu memoria.
Y cómo modificaría
esa huida, el pasado.
Lo que fuera esplendor
-esa gloria por la que apostaste-
ahora sería mediocridad;
la grandeza de guerras y pasiones
quedaría convertida en las vulgares
apetencias de una zorra codiciosa.

Por eso, no lo dudas.
y dejas que te vistan tus sirvientas
con tus mejores ropas, y perfumas
tu cuello, y te sientas
segura y orgullosa
en ese trono. Y sin
que la sonrisa se borre de tu boca,
metes la mano en ese cesto
de higos que se mueven, y esperas
la picadura en tu muñeca.

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Anatron

                                                                                      -¿Y tú quién eres?
-La Ocasión poderosa
Posidipo

Raya algún destello histórico allá
entre las lobregueces del siglo
Edward Gibbon

Para Evelyne Sinnassamy y Michael Nerlich

No existían. He aquí un producto
del siglo XX en sus finales. Genuino:

Esta criatura,
aún ni siquiera adolescente,
vestida y maquillada como puta,
exhibiendo (ignoro si sintiendo)
lumbre de furia sensual,
fantástica,
letal.

Esas piernas, ese culo, ese cuerpo
moldeado por la lycra,
no Son ya piernas, culo, cuerpo,
-como no lo es esa mirada
pervertida- capaces
de una devastación
normal. Esos ojos, esa
boca, ese rostro con ese maquillaje,
es otra dimensión de la belleza
y la sensualidad que controlábamos.

Mientras tú aún estás pensando
en Lampedusa, el Rey Anuro, o en el Ramayana o en
Rimbaud,
o dándole vueltas a la Guerra de los Treinta Años,
o qué sé yo, pensando aún que nuestras vidas
son esos ríos, según Manrique,
que van al mar / morir,

este Ser de la Noche,
bizarre déité como diría
el disipado Baudelaire, ha descubierto
que ni Gatopardos ni Wallenstein,
ni siquiera el mar/morir. Sino que todo
es, simplemente, una molestia,
y que toda molestia ha de evitarse.
La televisión, y en el colegio,
y en su familia, ha aprendido
que el mundo es suyo.

Y ah, cómo retoza,
cómo brilla, fantástica, a las luces
de este bar, qué hermoso es ese rostro
sin destino, excitante, cómo mastica
nuestras entrañas, ese juguillo que le resbala
por la comisura de los labios…

Por fin, la quintaesencia
de la sonrisa de la Esfinge,
morfina de la desesperación,
que bailará, llamándonos
más allá de la cenizas, las ruinas, los despojos,

por fin, la dulce mano
que sostendrá, arrancado del cadáver,
el corazón aún latiendo del Horror.

2001_2
Argent vivo

                            ¡Qué vida más tranquila parece llevar mi familia!
-pensó Gregorio
Franz Kafka

La voluntad y los apetitos… ah!
Edmund Burke

¿Lo recuerdas? Tuvimos
la Luna en la palma de la mano.
Nunca otra vez la música
de aquel tambalillo de la playa
volverá a hacernos bailar,
ni, sin que nosotros lo escuchemos,
a crujir el mundo volverá.
Volverá tu marido, no es mal tipo,
en su jardín tu aburrimiento a colgar,
y el calorcillo que alumbra entre tus muslos
¿a quién llamará?
Quizá otros brazos y otros besos
profundamente sentirás,
y tu marido y yo quizá acabemos
bebiendo solitarios en un bar,
haciéndonos amigos; como es lógico
evocarte nos unirá.
Pero recuerda, como yo te he leído a Scott Fitzgerald
nadie te lo leerá.

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Astarnuz

                                                                                Algún Dios de amor avía
Cartagena

Como la adormidera del desierto
Juan Arolas

La súbita luz de este conocimiento,
surgido en medio del horror,
obró un efecto extraordinario en mí
Henry James

Son cosas que suceden
en los hoteles. Cuando un hombre
llega, aburrido, tira
la chaqueta en la cama, se sirve un vodka, y
con rostro impenetrable
conecta el aparato de la televisión.

Es raro que acontezca
algo notable. Pero
aquella noche -oh ebria la Fortuna-
nada más encenderse,
apareció en pantalla un rostro único,
admirable, perfecto, inteligente,
cómplice.
Me aguardaba
como las panteras acechan a su presa.
Era Sharon Stone.
Me dije: No es posible.
Y contemplé la imbecilidad de aquella película
como cuando recorro el Canal Grande de Venezia,
sin dejar de asombrarme.
No es que uno sea demasiado impresionable.
Le aseguro al lector haber pasado
trances de esta índole, muy altos.
Pero
el gesto y la mirada de la Stone,
son otra cosa. Y
si entonces -y hoy- porque ese rostro,
esa boca, esos ojos, ese gesto
estuviera en mi cama, me pidieran
releer ya nunca a Stendhal, yo aceptara.
Porque gozar a una mujer así
no es placer inferior
ni acaso de otra especie
que escuchar la Misa en sí menor de Bach en Chartres,
que acarician la carne del crepúsculo sobre Istanbul
o que leer a Píndaro en voz alta
desde Delfos. Meter la lengua en esa boca
y recibir la suya, debe ser
¡Dios! como la sacudida en la inteligencia cuando
se lee a Shakespeare o a Borges, o a Nabokov, como
lo que debió sentir Colón
al oler la tierra. Sentir cómo ese cuerpo se abandona al placer,
ver enturbiarse esa mirada,
no es de rango menor
que comprender el Panteón.
Y
hay que ver, todo eso,
con la cantidad de excitantes pensamientos
a que después diera lugar, con lo que ha enriquecido
mi vida y mi memoria,

es algo que sucede, así, sin pretenderlo,
una noche de tantas,
por ir a dar una conferencia en Barcelona,
en una habitación
de hotel, de pronto, como dicen
que veía
Mozart,
o los santos,
a Dios.

1976_1

Aymant

                            Como a Bennvenuto Cellini -hacia quien experimento mayor
inclinación de la que tengo por los otros maestros del
Quattrocento-, me gusta vagar por la arena abandonada por
la marea, recogiendo conchas, guijas
Claude Lévi–Strauss

…Las viejas playas. A las que siempre
algo
te lleva. Como ningún otro latido
del mundo, esas orillas…

Caminas por el filo de las aguas. El sol que las traspasa,
ese velo cristalino,
y esas conchas
medio enterradas en la arena, y esas cintas
azules
que la luz dibuja.

No es tu memoria
quien reconoce,
donde existe depositada esa luz, esos colores,
estas orillas transparentes, la sensación
de la mar en tus dedos.
Es una dicha sin pasado. Sólo su instante
de exaltación, la
Vida
más allá
de lo comprensible.

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OTROS TRES POEMAS DE LEÓN DE GREIFF

León de Greiff (1895 – 1976)

Noche de Campo Literaria en El Café de Otraparte: Literatura a manteles: León de Greiff o la lengua de los pájaros: lectura de poemas y otros textos del poeta colombiano. León de Greiff (Medellín, 1895 – Bogotá, 1976) fue uno de los más destacados poetas del siglo XX en Colombia. Su nombre completo fue Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Häusler y utilizó diferentes seudónimos para firmar sus obras, entre los cuales “Leo Le Gris” y “Gaspar de la Nuit” son los más conocidos. De Greiff fue de los primeros impulsores del movimiento literario Los Panidas de Medellín en 1915, grupo de 13 intelectuales de ideas modernistas en literatura y arte que iniciarían las nuevas tendencias en dichas disciplinas en Colombia. En ese movimiento participaron, además, personajes como el filósofo Fernando González y el caricaturista Ricardo Rendón. La poesía de León de Greiff busca la sonoridad y es rica en propuestas lingüísticas asimiladas por otros al culteranismo o neobarroco poético. De una amplia cultura, de Greiff utilizó un vocabulario y giros del castellano antiguo, no siempre fáciles de comprender, así como profundos conceptos filosóficos inspirados en el modernismo de los autores a los que acudió desde su juventud.

Su singular producción parece venir sólo de sí mismo y, al mismo tiempo, de todas las referencias culturales posibles, desde la espontaneidad de los juglares hasta la perfección renacentista, la extravagancia barroca, la vibración romántica, el lujo modernista, el experimentalismo vanguardista. En ella se evidencia su voluntad de dotar al verso de una gran musicalidad, así como su gusto por la utilización de palabras en desuso, neologismos y onomatopeyas. Es palpable la influencia de los principales poetas franceses del siglo XIX (Baudelaire, Rimbaud), pero resulta casi inútil concretar el amplísimo catálogo de autores que nutre su creación.

Sus dos primeros libros, “Tergiversaciones” (1925) y el “Libro de los signos” (1930), contienen algunas de sus poesías más famosas, como la “Balada de la fórmula definitiva y paradojal” y “Balada del mar no visto”. “Variaciones alrededor de nada” (1936) reúne los mejores momentos del conjunto de sus temas: el amor, la poesía, el silencio, la nada, el viaje y la noche. A ellos hay que añadir “Prosas de Gaspar” (1937), “Farsa de los pingüinos peripatéticos” (1942), “Fárrago” (1955) y “Velero paradójico” (1959). Todos estos títulos fueron recopilados en sus “Obras completas” (1960), tras las cuales publicaría aún “Nova et vetera” (1968).

LEÓN DE GREIFF

Rimas

Tímida, la palabra
de tus labios caía,
y en mi pálida frente
dolorosa y macabra,
toda melancolía
se regó, evanescente,
blanda, como un arrullo…

Oh tu voz adorable…
¡Voz única entre tantas!
(Bajo el influjo suyo
fue placer inefable
mi dolor…) -Hoy no encantas
este fúnebre yermo…

(No sé dónde se riega
-toda melancolía-
tu voz…) -Y estoy enfermo
porque tu voz no llega
a bañar de alegría
mi sufrir… en mi vida
dolorosa y macabra,
tal vez hubieran sido
para curar la herida,
tu voz y tu palabra
que yo jamás olvido…!

 

Balada del disparatorio báquico, impregnada de múltiples romanticismos

Dícela “El Ebrio”

Aquesto dixo “El Ebrio”, una vegada.
Aquesto dixo con su voz cansada.
Aquesto dixo por la madrugada.

Yo dello non sé nada.

Bebamos en las cráteras de oro
que laboró el cincel benvenutino,
champagne, bulbente y bullicioso vino .

Bebamos en las ánforas de barro
doria hidromiel; en el panzudo jarro
blonda cerveza, y en las cristalinas
frágiles copas el anís sonoro
así como las finas
mixturas sibilinas.

“Porque es dulce olvidar”.

Bebamos en las cráteras de oro
el líquido tesoro
que enloquece las mentes
y elide los deseos,
y que sume los sueños impotentes
en helados Leteos!.

Porque es dulce olvidar. ¿Algo esculpido
quedar merece en el cerebro? Nada!
Porque es dulce olvidar…

El viento azota
la cima de los árboles, tedioso;
vacila el corazón ante la rota!
El espíritu vago!
¡La voluntad errátil
es un tortuoso Yago!
y el soñar aterido…:
¡el soñar aterido y no vibrátil
ni altanero!… y nostálgico, anheloso
de una distinta vida…

Los jardines románticos
horros están de idilios.
Y son hueros los cánticos
jocundos de Himeneo!

Dormita ya el Deseo!
Ya dormita el Amor!
Y yerra -enloquecida-
por sus ludies exilios
de Dolor,
l’alma pura de Ofelia,
mientras Hamlet, moroso y taciturno
sepultóse en sí mismo!”

Ya no existe
la verdad, si ha existido… Ya no es nada
la belleza, y lo es todo! y la tristeza
¡cómo es asaz vulgar y adocenada!

Yo buceo un abismo
y el tal abismo es hueco!
Todo es superficial, mentido y triste.
Todo: el Amor y la Naturaleza,
el Mar, las Nubes, la ideal Belleza:
sólo restan cinismo,
rutina, y el enteco
sentido de lo práctico y la cómica
metafísica vómica!

Es preciso beber la sangre cálida
de los magos elixires!
Complicados brebajes, quinta-esencia,
sudor de las retortas y alambiques;
todos los filtros químicos y alquímicos
el díctamo, el nepentes,
súmanme en la demencia!

En el absintio quiero que se esconda
-tras de sus de sirena glaucos ojos-
mi espíritu arbitrario,
mi corazón, y toda la amargura
de abolidos despojos!

Es preciso beber la sangre cálida,
sangre morena
o sangre blonda!
En el absintio quiero que se esconda
-tras de sus glaucos ojos de sirena–
mi corazón, y toda la amargura!

“La azul locura pálida,
soberana locura,
se asile en mi cerebro solitario!”

Bebamos en las cráteras de oro
todo el licor que corre por la vena
de la pródiga uva;
y hagamos la serena
-la serena o la loca-
vida del que en sí propio no se toca
y que en nada se halla…

-Búdico ser en éxtasis,
Jaiyám bajo los astros,
Edgar en la taberna,
Diógenes en su cuba…
Desdeñosos e impávidos,
sonrientes,
mirando la batalla
sempiterna, mirando la batalla
de apetitos, la gresca y el estridir de dientes
y el vulgar forcejeo
para ascender, para medrar, para vivir…

“Nosotros -sí, nosotros-
olímpicos yazgamos sobre el trípode sacro:
claudicantes e irónicos,
sonrientes espectadores del simulacro,
sin recordar, sin añorar,
sin anhelar,
¡sin un solo deseo!”

Brúña el trágico véspero
con sus hórridas lumbres
incendiarias;
dóre el amanecer con vagas lumbres
y medias-tintas de atediada suavidad;
o aljofáre la luna
del bebedor la cabellera bruna
o la blonda o endrina cabellera
nimbada de doliente claridad,
y bebamos el vino,
y bebamos el vino,
y bebamos el vino!

Aquesto dixo el Ebrio una vegada.
Aquesto dixo con su voz cansada.
Aquesto dixo por la madrugada.

Yo dello non me curo. Yo dello non sé nada

 

Divagación nocturna

Riela en mi alma tu recuerdo
como la luna sobre el mar…

En el silencio de mis noches
oigo tu voz aletear,
tu voz que me dice muy paso
que no me quieres olvidar…

En el silencio de mis noches,
-como la luna sobre el mar-
riela en mi alma tu recuerdo…

Veo el undívago vibrar
de las estrellas, en tus ojos…

Me embriaga el cálido aromar
de tu melena tenebrosa…
Tu frente, -un milagro lunar-
trasluce los puros anhelos
de tu querer, de tu ensoñar.

Se van mis horas solitarias
tras tu recuerdo, en un girar
de sueño y sueños ilusos…
(No los podremos realizar?…)

Melancólico ensueño ilusorio
que justifica el vegetar
del ánima mía soberbia,
de mi espíritu singular…
Melancólico ensueño ilusorio…
(no lo podremos realizar…?)

Riela en mi alma tu recuerdo…
Siento en mi boca palpitar
el beso trémulo y perenne
con que nos hemos de besar…
miro en tus ojos de misterio
-como si fueran a llorar…-
todo el poema de la vida
que no pudimos realizar…
En tu nocturna cabellera
-nardos y lirios y azahar-
aspiro todos los perfumes
con que quisiera aletargar
mi quimérica pantomima
de soñar y soñar y soñar!
Está en tu grácil cuerpo fino
toda la euritmia del rimar…
Son tus manos palidecidad
-parece que fuera a nevar…-,
tus manos, lánguidas y breves,
pareja de lirios sin par!
Tus manos, que bendijeron
con su perdón, mi divagar
por arduos caminos oscuros
y muelles sendas del pescar…

Riela en mi alma tu recuerdo
como la luna sobre el mar…
En el silencio de mis noches
oigo tu voz aletear…,
tu voz, que me dice muy paso
que no me quieren olvidar!

Siento en mi frente ensombrecida
tus manos cándidas posar…
Siento en mi ardida frente gélida
el balsámico palpitar
de tus labios, que borran culpas
y que me quieren perdonar…

¡Melancólico ensueño ilusorio
de mi incoherente divagar!
Fantasía disparatada
de mi espíritu singular!
Delirio ingenuo que se trueca
-irónico y duro- en pesar…
¡Melancólico ensueño ilusorio
que no podremos realizar…!

Riela en mi alma tu recuerdo
como la luna sobre el mar…!

FUENTE: http://zonaliteratura.com/index.php/2012/05/05/cinco-poemas-de-leon-de-greiff/

DESVELO,POEMAS DE GILBERTO OWEN

La noche es para mí
La noche es para mí (Photo credit: Wikipedia)

La noche es para mí (Photo credit: Wikipedia)

 

Ella goes to the doctor
Ella goes to the doctor (Photo credit: happykatie)

Ella goes to the doctor (Photo credit: happykatie)

 

Ella
Ella (Photo credit: david-emil)

Ella (Photo credit: david-emil)

 

 

Niños limpiabotas (Iraq, Basora, abril 2002)Niños limpiabotas (Iraq, Basora, abril 2002) (Photo credit: taimambi)

 

 

 

GILBERTO OWEN

 

 

1. PUREZA

 

¿Nada de amor -¡de nada!- para mí?
Yo buscaba la frase con relieve, la palabra
hecha carne de alma, luz tangible,
y un rayo del sol último, en tanto hacía luz
el confuso piar de mis polluelos.

 

Ya para entonces se me había vuelto
el diálogo monólogo,
y el río, Amor -el río: espejo que anda-,
llevaba mi mirada al mar sin mí.

 

¡Qué puro eco tuyo, de tu grito
hundido en el ocaso, Amor, la luna,
espejito celeste, poesía!

 

 

2. CANCIÓN

 

De la última estrella
a la primera
fue para oler las rosas.

 

Vuelta, al revés, del mundo,
abierta la memoria
de la primera estrella
a ti -mujer, idea-,
¿hasta cuándo la última?

 

 

3. LA NOCHE, QUE ME ESPÍA POR EL OJO…

 

La noche, que me espía por el ojo
de la cerradura del sueño,
gotea estrellas de ruidos inconexos.
¿Para qué este hilo de aire con ecos?
Ya ningún lápiz raya mi memoria
con el número de ningún teléfono.

 

Mi mensaje cae conmigo
sin mis miradas, cuerdas de un trapecio
suspendido, otros días,
de mi cabeza sobre el cielo.

 

Y nadie inventa aún al inalámbrico
una aplicación para esto:
uno puede caer cien siglos
-sin una honda agua de sueño,
sin la red salvavidas de una antena-
al silencio.

 

 

4. EL AGUA, ENTRE LOS ÁLAMOS…

 

El agua, entre los álamos,
pinta la hora, no el paisaje;
su rostro desleído entre las manos
copia un aroma, un eco…
(Colgaron al revés
ese cromo borroso de la charca,
con su noche celeste tan caída
y sus álamos hacia abajo,
y yo mismo, la cabeza en el agua
y el pie en la nube negra de la orilla.)

 

Llega -¿de dónde?- el tren;
corazón -¿de quién?- alargado,
oscuro y próspero, la vía
nos lo plantea = algo
más allá del alcance de los ojos.
Terremoto: llorando demasiado
los sauces salen al camino
como mujeres aterrorizadas.
Incendio: la luna, viento frío,
arrastra el humo de las sombras
hasta detrás del horizonte.

 

En el bosque, con tantos mármoles,
no queda sitio ya para las ninfas:
sólo Eco, tan menudita,
tan invisible y tan cercana.
Sólo una memoria sin nexo:
“cuéntalas bien
que las once son”.

 

Luego el castigo de la encrucijada
por el afán de haber querido
saber a dónde llevan todos los caminos:
1, al pueblo; 100, a la ciudad; 1000, al cielo;
todos de ti y ninguno a ti,
a tu centro impreciso, alma,
eje de mi abanico de miradas,
surtidor exaltado de caminos.

 

 

5. EL RECUERDO

 

Con ser tan gigantesco, el mar, y amargo,
qué delicadamente dejó escrito
-con qué línea tan dulce
y qué pensamiento tan fino,
como con olas niñas de tus años-,
en este caracol, breve, su grito.

 

6. PALABRAS

 

Sólo tu palabra,
río, deletreada,
repetida, agria.

 

Sólo las estrellas
-solas- en el agua
y despedazadas.

 

¡Ya viene la luna!
Río, despedázala,
como a tu palabra

 

el silencio, como
la noche a la amada,
río, por románticas.

 

 

7. CIUDAD

 

Alanceada por tu canal certero,
sangras chorros de luces,
martirizada piel de cocodrilo.
Grito tuyo -a esta hora amordazado
por aquella nube con luna-,
lanza en mí, traspasándome, certera,
con el recuerdo de lo que no ha sido.

 

Y yo que abrí el balcón sin sospecharlo
también, también espejo de la noche
de mi propio cuarto sin nadie:

 

estanterías de las calles
llenas de libros conocidos;
y el recuerdo que va enmarcando
sus retratos en las ventanas;
y una plaza para dormir, llovida
por el insomnio de los campanarios
-canción de cuna de los cuartos de hora-,
velándome un sueño alto, frío, eterno.

 

 

8. DESAMOR

 

¡Qué bosque -cómo oprime- tan oscuro!
Ganas de sacudir los árboles
para que caiga aquella luz
que se quedó enredada
entre las ramas últimas.

 

-Ella se quedaría, esclava,
trémula entre los dedos de Josué
detrás del horizonte, sin remedio-.

 

¡Luz de ayer, luz de ayer,
lluévete, vertical, a mi memorial
¡Rompe las rejas de los troncos,
horizontal luz de mañana!

 

 

9. ADIÓS

 

Todo este día corrió
el tren por mi pensamiento.
Toda la noche su sirena
rayará mi desvelo.

 

Y no poder imaginar
el vértice hipotético
en que se une la vía, tan lejano.
Nunca, nunca podré beber el sueño
en la confluencia amarga de su grito
y mi sollozo, siempre paralelos
y persiguiéndose,
toda la noche, en mi desvelo.

 

10. TIERRA QUE LA GUARDA AHORA…

 

Tierra que la guarda ahora
-montoncito de tierra
y un poco de savia en los árboles-.

 

Ramas sin marzo, sin viento,
metálicas, más de luna
que de árbol, casi de alma.

 

Esta vez no ha quedado nada
del día en mi mirada.
Noche demasiado lírica.

 

Ella estará aquí más presente
-viéndome completo-
que yo que la creo sólo
puñadito de tierra
y un poco de savia en los árboles.

 

11. SOLEDAD

 

Soledad imposible conmigo tan aquí
y mi memoria tan despierta.

 

Y además la plegaria
por la estrella perdida, tan sin luz,
por Blanca de Nieves, dormida
nube con luna en su ataúd de cielo,
y por el campo, ese hospiciano prófugo
que equivocó la senda y se tiró,
ya cansado, a la orilla del camino,
desesperando de llegar al pueblo.

 

Y hay también las canciones perdidas
que no se sabe nunca quien cantó;
y esta correspondencia sin palabras
de ojos a estrella, de alma a luz de luna.

 

12. ADIÓS

 

El pañuelo de espumas
del rompeolas me lloraba, ¡adiós!,
y en la noche aquel grito -aquella estrella-,
¡ven! y mi corazón que era sólo
un temblor que cantaba, en medio,
y de mi hondura, hacia la nada,
ya sin mis ojos, yo.

 

Y mi nombre escrito en la arena,
y tu ascensión, luz, lumbre, sobre el mar;
luego de allá, lejos, la onda,
de aquí, de mí, la sombra
que todo lo borraban.

 

El mar dormía
como nunca, y como si fuera
ya para siempre, sin mi alma.

 

13. EL TRANVÍA

 

A esta hora ese telegrama amarillo
ya sólo trae malas noticias:
un hombre, yo, tan agobiado…

 

¡Cómo abre -¡qué lívida!-
sus ventanas, leyéndolo, mi casa!

 

14. COROLAS DE PAPEL DE ESTAS CANCIONES…

 

Corolas de papel de estas canciones.
Se abren cuando al alba
nocturna de la lámpara
rompe a cantar ociosa
la ternura enjaulada entre los dedos.

 

Se cierran cuando Venus matutina
cae desprendida de su rama,
aún no madura y ya picoteada
por el frío del alba verdadera.

 

15. ROMANCE

 

Niño Abril me escribió de un pueblo
por completo silvestre, por completo.
Pero yo con mi sombra estaba
haciendo sube y baja
en balanza de aire, a la ventana,
y el pasado pesaba más,
y se divulgó aquella carta
al caer a pasearse al bulevar.

 

Señor policía el cielo,
yo no hice aquel verso, no,
que la estrella que veis ahogada
sola a mi espejo se cayó.

 

Camino incansable, automóvil
para poetas, siempre a cien
kilómetros, y río que se va;
el cenit viene con nosotros,
el horizonte huye sin fin.

 

Niño Abril me escribía: “En junio,
ya no flor y no fruto aún,
¿qué prefieres, el pan o el vino?”
-Yo prefiero el vino y el pan,
y ser a la vez yo y mi sombra,
y tener cabal todo el campo
en mi árbol del bulevar.

 

Señor policía el viento,
yo no ando desnudo, no.
que la sombra que veis llorando
de un sueño mío se cayó.

 

FINAL

 

Palabras oscuras, que entonces
me parecían, ¡ay! , tan claras.
Hoy me estaría aquí pensando
hasta el alba, desesperadamente,
sin arrancarles un sentido:
¡tan de otro me suenan,
tan lejanas!

 

En cambio ésta aún no modulada
que en mí dirá una voz innata,
¡qué desnuda la siento,
qué nueva aún y ya qué conocida!

 

Está en mí -y en ti, libro,
como un recién nacido en el regazo
frío de este silencio, este cadáver,
hoy, de aquellas palabras.

 

FUENTE:

 

http://zonaliteratura.com/index.php/2012/07/21/desvelo-poemas-de-gilberto-owen/

 

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SEGÚN CARMEN BALCELLS,”EL PAPEL NO MORIRÁ,PERO EL FUTURO ES LA DIGITALIZACIÓN”

 
Instituto Cervantes
Instituto Cervantes (Photo credit: El Centinela.Instituto Cervantes (Photo credit: El Centinela)
Carmen Balcells 1983
Carmen Balcells 1983 (Photo credit: Elisa Cabot)Carmen Balcells 1983 (Photo credit: Elisa Cabot)
Español: Carmen Caffarel, directora del Instit...
Español: Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes (Photo credit: Wikipedia)

Español: Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes (Photo credit: Wikipedia)

Juan Goytisolo, Instituto Cervantes Berlin May...
Juan Goytisolo, Instituto Cervantes Berlin Mayo 2008 (Photo credit: Wikipedia)

Juan Goytisolo, Instituto Cervantes Berlin Mayo 2008 (Photo credit: Wikipedia)

“El mundo del papel no morirá, pero va a ser para minorías. El futuro es la digitalización”. Así de contundente se ha mostrado Carmen Balcells en el Instituto Cervantes, donde ha retirado el legado del “gran escritor maldito” Aliocha Coll (1948-1990) que ella misma depositó en la Caja de las Letras hace exactamente 18 meses.

FUENTE:

http://zonaliteratura.com/index.php/2012/09/21/segun-carmen-balcells-el-papel-no-morira-pero-el-futuro-es-la-digitalizacion/

La agente literaria (Santa Fe, Lérida, 1930) ha vuelto este viernes a la sede central del Cervantes para abrir la caja de seguridad número 1.569 que ha guardado documentos, fotografías y traducciones de Aliocha Coll.

Como en otros muchos aspectos, Balcells ha sido pionera, ya que es la primera vez que el Instituto recupera uno de los legados depositados por personalidades de la cultura en la antigua cámara acorazada.

La gran defensora de escritores como Vargas Llosa, García Márquez, Delibes o Goytisolo, entre otros muchos, ha regalado al Instituto una edición de bibliófilo de la obra teatral Títeres, que Coll publicó en vida con ilustraciones de su esposa, la joven de origen chino Lysiane Luong, que fue “el amor de su vida”.

También ha regalado un CD con los cinco títulos que el autor vio publicados en papel antes de suicidarse: Vitam venturi saeculi, Títeres, Atila, El hilo de seda e Imaginarias. La editorial Leer.e ha realizado una edición digital especial que incluye además las ilustraciones de Luong que adornan las portadas e interiores de los cinco libros, y que podrá leerse a través de las principales plataformas digitales.

Carmen Balcells está dispuesta a cumplir con lo que Aliocha Coll, médico de profesión y autor por convicción, le pidió por carta antes de quitarse la vida: “Haz lo que puedas por mi obra, aunque no es mucho lo que se puede hacer”. La agente literaria considera que fue un escritor incomprendido sin un mecenas que lo apoyase, y por ello ahora quiere publicar todos sus textos inéditos (ya ha hablado con algún autor consagrado para que se ocupe de ello). “Aliocha Coll nunca morirá”, ha sentenciado, “porque la muerte llega cuando nadie te recuerda, y a Aliocha Coll lo recordarán durante siglos.”

El equipo directivo del Instituto Cervantes, con el secretario general, Rafael Rodríguez-Ponga a la cabeza, ha participado en la Caja de las Letras en este íntimo homenaje al escritor, al igual que los cinco hermanos de este (Marujín, Ignacio, Horacio, Giselle y Lucrecia Coll) y el sobrino, del mismo nombre.

Una Balcells relajada y sonriente ha charlado largo y tendido sobre la literatura y sus autores. ¿Qué debe hacer quien quiera ser escritor? “Los escritores que lo son de verdad, que no se preocupen, que lo serán”, ha sentenciado, para añadir que si quieren ser famosos o tienen prisa, que se dediquen a otros cometidos.

¿Qué cambiaría de su pasado? “Nada”. ¿Qué ha sido lo más importante en su vida? “Primero, tener un hijo, y después el trabajo, que me ha dado todos los disgustos pero también todo el conocimiento. Se lo debo todo”.

¿Lamenta haber rechazado a algunos escritores (como a Saramago)? “No los he rechazado sino que no les he contestado, porque no podía leer todo lo que me mandaban, y si no lees a un autor, no lo puedes defender”, ha explicado.

El próximo legado que el Instituto Cervantes abrirá en la Caja de las Letras será el de la científica Margarita Salas, en enero de 2018.

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AXOLOTL,CUENTO DE JULIO CORTÁZAR

PlantePlante (Photo credit: zigazou76)
Rose garden of the Jardin des Plantes in Paris
Rose garden of the Jardin des Plantes in Paris (Photo credit: Wikipedia)

Rose garden of the Jardin des Plantes in Paris (Photo credit: Wikipedia)

The Museum of Natural History in the Garden of...
The Museum of Natural History in the Garden of Plants ( Jardin des plantes ), in Paris (Photo credit: Wikipedia)

The Museum of Natural History in the Garden of Plants ( Jardin des plantes ), in Paris (Photo credit: Wikipedia)

JULIO CORTÁZAR.ESCRITOR

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.

FUENTE : http://zonaliteratura.com/index.php/2012/09/22/axolotl-cuento-de-julio-cortazar/

El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.

En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.

No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.

Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.

Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas… Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.

Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?

Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.

Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.

Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.

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VIRGINIA WOOLF : ENTRE LA DUREZA DEL GRANITO Y LO SUTIL DEL ARCO IRIS,POR MORA CORDEU

Moments of BeingMoments of Being (Photo credit: Wikipedia)

English: Bust of Leonard Woolf (* 25. November...English: Bust of Leonard Woolf (* 25. November 1880 in London; † 14. August 1969 in Rodmell, Sussex), publisher, mostly known as husband of author Virginia Woolf. At their own cottage “Monks House” Deutsch: Büste von Leonard Sidney Woolf (* 25. November 1880 in London; † 14. August 1969 in Rodmell, Sussex), Verleger, am besten bekannt als Ehemann der Schriftstellerin Virginia Woolf. Aufgestellt bei ihrem Haus “Monks House” (Photo credit: Wikipedia)

Portrait of Virginia Woolf by George Charles B...Portrait of Virginia Woolf by George Charles Beresford Deutsch: Die zwanzigjährige Virginia Woolf, fotografiert von George Charles Beresford (Photo credit: Wikipedia)

En Virginia Woolf. La vida por escrito, la escritora y periodista argentina Irene Chikiar Bauer explora la personalidad siempre enigmática y fascinante de la autora de Al faroLas olas yOrlando, con la intención de no cristalizar una personalidad -conocida hasta por los que no la leyeron- y ponerla en foco para sus lectores.

FUENTE:

http://zonaliteratura.com/index.php/2012/09/28/virginia-woolf-entre-la-dureza-del-granito-y-lo-sutil-del-arco-iris-por-mora-cordeu/

“Ella teorizó acerca de la biografía -`cada generación tiene que volver a contar las cosas`-, lo que me dio pautas de escritura; ella sostiene que una biografía es la transcripción fidedigna de una personalidad y que eso está formado por los hechos (que tiene la solidez del granito) y la personalidad (que tiene algo de lo sutil del arco iris). Desde ahí me desafía”, dice la autora.

“De joven ya había leído algunos de sus libros, como Un cuarto propio, y me llamaba la atención que esa novela escrita en 1929 tuviera resonancias en alguien de 20 -considera-. A mi generación ese libro le seguía diciendo cosas acerca de la condición de la mujer, de la mujer y el trabajo y de la mujer y la literatura”.

Siguiendo el itinerario que la condujo a escribir esta monumental biografía -más de 900 páginas editadas por Taurus-, Chikiar Bauer cuenta que en una librería encontró “una oferta de un libro que hablaba de la relación de la escritora con su hermana Vanessa”.

“Me interesó tanto que me hizo volver a sus libros y quise revisar todo, la biografía del sobrino (Quentin Bell) y un texto sobre los últimos años de su vida. Y sus textos autobiográficos, agrupados en un volumen, sus diarios y sus cartas”, enumera.

Todo esto la llevó a “una visión propia”, acerca de lo que quería transmitir y empezó a escribir “sin imaginar que iba a ser una cosa tan monumental. La idea de la cronología surge cuando a partir de la muerte del padre, ella ya tiene mucha correspondencia escrita rescatada por su amiga Violet Dickinson, que le tenía mucha fe. Pensaba que iba a hacer una genia y tenía razón”.

La primera parte del libro abarca los ancestros y la familia -que la marcan mucho- y luego, debido a la cantidad de material (cinco diarios personales, más un tomo del diario de juventud y seis de cartas) el desafío fue contar las cosas que cambiaban más que las cosas que sucedían”, define.

Jugando con las entrelíneas de todos los textos autobiográficos y la propia obra de Virginia, de alguien que no quiso ser autorreferencial -porque igual se podía hablar de lo que nos pasaba, decía- se arma el libro (que cuenta con un álbum de fotos) pergeñado por la autora de ensayos literarios sobre San Juan de la Cruz, Julio Cortázar, Felisberto Hernández y Juan L. Ortiz.

Después de la muerte de su padre (1904), un hecho determinante y que da fin a la primera parte de la biografía, se muda en poco tiempo a Bloomsbury y comienza una vida independiente.

Cada capítulo sigue año a año su vida desde que se va a vivir con sus hermanos Vanessa, Thoby y Adrian (hijos de Leslie Stephen y Julia Duckworth) y sus medio hermanos George (quien tuvo actitudes abusivas con ella) y Gerald, hijos de un anterior matrimonio de su madre). Y posteriormente su casamiento con Leonard Woolf y su intensa relación con Vita Sackville Sacks.

“Cuando fallece Thoby, es algo terrible, porque todavía representaba la tradición patriarcal, y las hermanas (Virginia y Vanessa) quedan libres, con mucha vocación de libertad. Se mudan de barrio y dejan atrás la era victoriana”, apunta la biógrafa.

A la gran riqueza documental sobre su vida, se suma el mito, la figura icónica acerca de ella. “La famosa foto de perfil -una de las más vendidas en la National Portrait Gallery de Londres-, mucha gente que no la leyó sabe quién es y a esto se agrega un verdadero hito: la obra Quién le teme a Virginia Woolf“, dice.

“También, leí para este trabajo la autobiografía de su marido Leonard Woolf, que son cinco tomos, muy interesantes. El comienza publicando novelas, y después se dedica a la política y a la editorial que fundan los dos (Hogarth Press) y da un paso al costado para ocuparse de la literatura de Virginia”, desliza.

El libro no elude las crisis depresivas de la escritora que la llevaron a ahogarse voluntariamente en el río Ouse, cerca de Monk`s House, el 28 de marzo de 1941. Crisis que están presentes en sus obras; en “La señora Dalloway”, “hay un personaje que tiene alucinaciones, tratado por los médicos de forma coercitiva y se termina matando”.

El tema de la sexualidad, analiza la autora, “no está explícito en ninguna obra, pero está presente también en todas como en Fin de viajeLa señora…Un cuarto propio o Noche y día“.

A pesar de las dos guerras mundiales -la primera dejó una marca muy fuerte en la pareja-, de pertenecer a un grupo con ideas pacifistas, y de pensar que los alemanes iban a invadir Inglaterra, los Woolf nunca dejaron de ir a las librerías, los museos, de hacer su vida”, comenta la biógrafa.

La finalidad del libro, resume, “fue integrar todo el rompecabezas que había reunido pero sin fijarla nunca, tratando de conocer a Virginia como uno se puede conocer a sí mismo, no del todo”.

“La vida es el desafío de intentar conocernos y conocer a los demás sin encasillamientos. Me impactó su vitalidad, la capacidad de trabajo y el gran disfrute tanto de su ciudad como del campo”.

“Virginia no estuvo nunca en una torre de cristal, estaba preocupada por lo social y la problemática de la mujer, tuvo crisis psiquiátricas aunque las superó y en ese sentido es un ejemplo en su intención de no querer fijar la verdad, ver las perspectivas múltiples y las distintas visiones de las situaciones… y el humor. Para mí es una maestra”, finaliza Chikiar Bauer.

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